Escribir es como bailar

Consejos para tener buen ritmo en la escritura

Aunque te parezca una locura el título de este post, no puede ser más cierto. Te digo por qué:

  1. Todo el mundo baila, pero no todos lo hacen bien.
  2. Bailar bien puede ser innato o puede aprenderse.
  3. Mientras más practiques, mejor lo harás.
  4. Aunque aprendas y practiques, siempre habrá alguien que baile mejor que tú (y también alguien que lo haga peor, sin duda).

Vas entendiendo la analogía, ¿no?

Están los osados que se lanzan a pegar saltos o a hacer movimientos más parecidos a una convulsión que a un baile acompasado. No les importa si van al compás de la música, si pisan los juanetes de su acompañante o si los dejan solos en el medio de la pista.

Están los más conscientes, que tienen claro que no saben bailar, pero a veces se arriesgan tímidamente, dan unos pocos malos pasos y luego se retiran con algo de dignidad.

Y están los que tienen dos pies izquierdos. Lo saben y no se atreven a pasar ni cerca de donde suenen un par de acordes musicales.

Pero la música es tan linda, tan sabrosa… ¿a quién puede no gustarle? ¿Quién, en su sano juicio, puede decir que no le gusta bailar? Tal vez no sepa hacerlo o le dé vergüenza, pero que no le guste, es algo difícil de creer.

Si alguien pudiera garantizarle a un mal bailarín, que puede enseñarle trucos para salir a la pista y, sin esfuerzo, tener el ritmo y cadencia necesarios para bailar con una pizca de gracia, ¿no estaría dispuesto a aprender?

Yo creo que sí.

Y eso justamente es lo que tengo para ofrecerte en este artículo. No trucos para bailar —que tampoco soy yo la gran bailarina—, sino algunos consejos para que logres el ritmo en la escritura y logres que tus textos sean atractivos y coherentes desde el principio hasta el punto final.

Aprendiendo a bailar: primeros pasos para lograr ritmo en la escritura

¿Qué tiene que ver la música con la escritura? Muchísimo. Y te lo demostraré.

Cuando un músico equivoca una nota o un cantante desafina, apuesto a que tú lo notas aunque no seas músico. Algo te suena raro, te hace ruido.

Lo mismo pasa cuando alguien escribe sin ritmo. Te cansas, te pierdes en la lectura, te cuesta entender el contenido. Seguramente te ha pasado alguna vez estar leyendo una historia interesantísima y de repente te encuentras con un punto que te corta antes de tiempo. O, por el contrario, lees un párrafo interminable con tanta información que no terminas de entender a dónde te quiere llevar el autor.

Esas cosas pasan, y mucho más de lo que debería. Es más, suelen pasar de la mano de escritores profesionales y consagrados.

La mayoría de las veces estos errores suceden por el mal uso de los signos de puntuación, que son los que marcan el ritmo de la lectura.

Como la música, un texto bien escrito tiene ritmo, cadencias, pausas, repeticiones, silencios, continuidad.

De los puntos, las comas y demás signos de puntuación dependerá que, al leer un texto, bailemos un reggaetón o un vals.

Creo que queda claro entonces que debes saber usar los signos de puntuación. Y para ello te daré los primeros consejos:

Los puntos son los signos de puntuación más determinantes. Usa el punto y seguido para separar oraciones largas que puedan terminar siendo confusas, pero recuerda que estas oraciones deben guardar relación entre sí. Si no se refieren a lo mismo, entonces es momento de usar el punto y aparte.

El punto y aparte separa ideas, más que oraciones. En el párrafo anterior hablaba de una idea, en éste hablo de otra. Digamos —para continuar con la analogía— que el punto y aparte es la separación entre las estrofas y el coro de una canción. Sabemos exactamente que son cosas diferentes y separadas.

La coma es el más imprescindible signo de puntuación para darle ritmo a los textos, pero también el más difícil de aprender a usar. La coma será la responsable de la cadencia de un texto, de que no te quedes sin aire al leer, de dar las pausas necesarias para el entendimiento de la lectura. Pero una coma mal puesta podría cambiar totalmente el sentido de la oración, o peor aún, hacer que se pierda todo sentido.

La coma esencial es la que separa palabras en una enumeración. También la que sirve para encerrar un inciso, una explicación o aclaración dentro del texto. Verás en mis artículos que suelo usar paréntesis y rayas, además de las comas, para alternar recursos y que el texto no se sobrecargue de comas molestas.

Para entender mejor todos los usos que puede tener la coma dentro de un texto, te invito a leer este completísimo artículo.

El punto y coma es como una coma que no ha salido del closet. A veces funciona como una coma con un poco más de determinación, casi como un punto y seguido, pero sin llegar a serlo. Dicho de otro modo, es un punto suavizado, una pausa no tan marcada, un silencio más corto en esta música de escribir. Si estás enumerando cosas, y pasas a otro tema, el punto y coma marcará el final de la enumeración. En otros casos, es más difícil determinar su uso y queda a criterio del escritor.

Los puntos suspensivos son suspiros al oído de tu pareja de danza/lector. Es como si las frases te hablaran bajito, te dejaran expectante de lo que viene, te ponen a pensar cómo será el resto de la pieza. Pero ¡OJO! No abuses de ellos. Y recuerda que siempre, siempre serán solo TRES PUNTITOS. Si crees que poniendo más, alargas la pausa, estás cometiendo un error.

Interrogación y exclamación, los más fáciles. Pero POR FAVOR: no olvides que en español, debes poner también el signo de apertura.

Soltando los pies: ¿Cómo ponerle buen ritmo a tus textos?

Son muchos los aspectos a considerar para que lo que escribas tenga un ritmo adecuado.

En primer lugar, es necesario aclarar algo importante: que un texto tenga ritmo no quiere decir que sea monótono. TODO LO CONTRARIO. Si escribes todo igual, con la misma extensión, el mismo tono, es muy probable que tu escrito sea tan aburrido que nadie termine de leerlo.

Cuando yo comencé a bailar tango, no salía del paso básico y los que me sacaban a bailar se aburrían y me abandonaban en la primera pieza. La diferencia entre yo bailando tango nivel súper principiante y los grandes bailarines, es la variedad y la cadencia.

El ritmo en la escritura también tiene que ver con eso.

¿Conoces el famosísimo Bolero de Maurice Ravel? Es una de mis piezas clásicas favoritas porque siento como si estuviera contándome una historia. Comienza muy suave y al final es toda una exaltación épica. Sobre una base musical estructurada y, si se quiere, monótona, se va construyendo la melodía exasperante. Si no la has escuchado, te invito a hacerlo, mientras sigues leyendo el post… te ayudará mucho a entender lo que intento explicarte. Además, aquí, podrás escucharla bajo la dirección del genio Gustavo Dudamel, mi compatriota. smile

Te pongo otro ejemplo musical, algo más contemporáneo y otro de mis favoritos: Kenny G y su legendaria pieza Silhouette. En esta, no me imagino una epopeya… sino un acto de amor: tierno al principio y desaforado después, para luego terminar exhaustos. ¡UFF!

Pero bueno, nada… a acomodarnos la peluca y seguir escribiendo. No permitas que me disperse. embarassed

¿Vas entendiendo a lo que me refiero con esto de «escribir con ritmo»? Si todavía no lo tienes claro, te doy unos cortos y directos tips.

9 tips para que tus lectores bailen con tus textos

1. No empieces a escribir sin tener claro lo que quieres comunicar. si te sirve, traza un mapa mental para que puedas definir la idea principal y las ideas secundarias.

2. Luego de esto, estructura el texto de manera que la idea principal esté al comienzo y a partir de ella vayas dosificando el resto de las ideas secundarias, repartiéndolas a lo largo del texto.

3. Asegúrate de que quede clara tu idea principal. Pon al lector en contexto, no presupongas que sepa lo que tú sabes.

4. Que tus párrafos no sean nunca demasiado largos. Si lo son, relee: seguro encontrarás dónde cortarlos y separarlos en dos, tres o más párrafos.

5. Alterna párrafos de 3 o 4 líneas con oraciones simples, frases cortas, incluso palabras solitarias. Esto hará que tu texto sea visualmente más atractivo. Recuerda que, sobre todo en internet, el lector escanea en vez de leer línea por línea, y estas disrupciones son ideales para destacar textos que quieras que se lean sí o sí.

6. No escribas de más ni de menos. A veces es necesario explicar bien un asunto, pero otras veces caer en demasiados detalles puede hacer que tu lector se aburra y se vaya para siempre. Para saber cuánto es lo justo, deberás tomar en cuenta el nivel de complejidad del tema y los conocimientos de tu lector sobre el mismo. Te aconsejo que determines muy bien esto desde el comienzo. Luego escribe sin parar y, al final, haz una revisión para «desmalezar» el texto, es decir, para limpiarlo de repeticiones, redundancias o explicaciones innecesarias.

7. Separa con subtítulos. Permítele a tu lector descansar, hacer una pausa y prepararse para lo siguiente que va a leer. Guíalo, llévalo de la mano. No te olvides que ¡esto es un baile!

8. Cierra siempre. Todo tiene un final y debes remarcarlo. Que tu lector sepa sin dudar que ha llegado al final de la lectura sin necesidad de que pongas el cartelito «The End».

9. Crea interés y expectación. Escribe como si fueras Sherezade contando una de las historias de Las Mil y Una Noches. Que el final de un párrafo deje la expectativa para querer, tener, necesitar leer el siguiente. En una palabra: PERSUADE. ¿Y cómo lograr esto? Entre otros recursos, con las transiciones.

Las transiciones: aliadas para el ritmo en la escritura

Apuesto que si encontraras en la pista de baile a alguien que llevara tu mismo ritmo, no querrías dejar de bailar en toda la noche, ¿no es cierto? Pues con la escritura pasa lo mismo. Si logras el ritmo y la cadencia que tu lector busca, no querrá dejar de leerte jamás.

Las transiciones no solo sirven para darle ritmo a los textos, sino también conexión, sentido y forma al todo.

Las transiciones son palabras o frases que ayudan a unir una idea con otra, de manera que la narración transcurra con fluidez y coherencia de principio a fin. También se les llama conectores.

Tal vez el término no te suene familiar, pero seguramente has utilizado transiciones al escribir o, como mínimo, las has escuchado o leído muchísimas veces, ya que son muy comunes en los cuentos, novelas y notas periodísticas.

Algunos de los conectores más comunes son:

En primer lugar, hasta ahora, durante, en ese momento, posteriormente, para finalizarEstos indican orden, temporalidad.

Debido a, a causa de, por esta razón, a propósito de, dado que, gracias a, a pesar de, por lo tanto, por consiguienteEstos indican causalidad o efecto.

Además, asimismo, así como, también, igualmente, tampocoEstos indican comparación.

A diferencia de, sin embargo, por otra parte, por el contrario, a diferencia de, a pesar de, aunqueEstos indican comparación o contradicción.

Ante todo, obviamente, evidentemente, claramente, es decir, o seaEstos indican explicación o énfasis.

Por ejemplo, por cierto, veamos, a propósito deEstos indican ejemplificación.

¿Ves como sí los conocías? Los has usado mil veces, pero a partir de ahora los usarás sabiendo para qué sirven y así le darás el trato correcto y justo.

Hay muchísimas más transiciones, incluso puedes «crear» las tuyas propias que te sirvan para mantener atrapado a tu lector. Lo importante es que conectes frases, oraciones y párrafos para que todo tenga sentido y, sobre todo, para que te lean hasta el final (y te entiendan al final).

El toque final para el experto bailarín

Para concluir (aquí estoy yo, usando un conector, jeje), un último pero importantísimo consejo: CUIDA TU ORTOGRAFÍA.

¿Te imaginas bailar con una pareja que tenga mal aliento o huela mal? Bueno, eso mismo es lo que se siente al leer un texto con faltas ortográficas.

Perfuma tus textos con una ortografía impecable y conquista a tu lector desde el primer compás.

La buena ortografía es sexy.

De ti depende que al escribir, tus lectores sientan que están bailando un chachachá, una salsa o un vals. Pero ayúdalos a que siempre bailen con buen ritmo.

¿Qué dices?… ¿Bailamos esta pieza? 

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