Cómo logré vivir de escribir

Hoy me toca agradecer y celebrar

 

Escribo este post bastante personal, porque el próximo viernes se cumplirá exactamente un año que comenzó esta aventura que hoy me hace decir con felicidad absoluta que me permitió cumplir mi sueño: vivir de escribir.

Dónde comenzó todo

Para responder esto, tal vez debería ir mucho más atrás, cuando a los 12 años dije que quería estudiar para ser periodista, o muchísimo más atrás aún, cuando, sin saber escribir, le pedí a Santa una máquina de escribir como la de mi hermana. Pero si retrocedo tanto, este post no tendría fin. Así que iré solo un poco hacia atrás.

Me remontaré a febrero del año pasado, cuando compré el curso de Virtualinet que me introdujo de verdad en este mundo loco que es internet y descubrí todas las cosas que podía hacer aquí adentro para ganarme la vida.

Yo ya antes había comprado algunas cosas por internet: que si el curso de Face Yoga para eliminar las líneas de expresión del rostro (las fotos de esta web evidencian el fracaso) y uno que otro e-book de dudosa procedencia y autoría. Por eso, tenía aprehensión a todo lo que me ofrecían en esta infinita red: sentía que todos eran —como dicen aquí, en Argentina— unos chantas, unos timadores que me prometían la solución a todos mis problemas y lo único que conseguía era mermar mi cuenta bancaria.

Me acostumbré a ver con desconfianza tantos gurúes, tantas promesas de soluciones instantáneas, tantos expertos sin currículo. Pero Virtualianet me enganchó y allí encontré las primeras herramientas para introducirme en el mundo online y poner mis destrezas al servicio de clientes de todo el mundo que necesitaran textos bien redactados y entregados de forma rápida e impecable.

Esas herramientas me hicieron conocer, por ejemplo, las plataformas de empleo online, un mundo totalmente desconocido para mí en ese momento. ¡Qué felicidad sentí cuando encontré mi primer cliente! Y mayor aún fue mi dicha cuando me dio su feedback. Estaba encantado con mis textos y quería contratarme para más trabajos.

El «peligroso» mundo de las plataformas de trabajo en línea

Todas las semanas entregaba miles de palabras y él depositaba en la plataforma las monedas con las que me pagaba  —monedas, sí…allí dentro, todos somos esclavos del teclado—. Pero yo estaba feliz, y dejé engordar la hucha antes de transferir el dinero a mi cuenta.

Cuando hubo una cantidad de dinero más o menos significativa, pedí hacer la transferencia de mi dinero y ¡oh, sorpresa! No pude hacerla: mi cliente había reclamado a su tarjeta de crédito por débitos no reconocidos (los míos) y nunca pude recibir el dinero producto de tantas horas de trasnocho.

Luego me enteré de que estas cosas pasan más a menudo de lo que creía. Las plataformas de trabajo online están plagadas de estafadores y hay que ser muy cuidadoso a la hora de aceptar un trabajo.

Dos consejos: si la oferta  te parece demasiado buena, seguramente no lo sea; y saca tu dinero tan pronto puedas, estará más seguro en tu cuenta que en la de ellos.

Por suerte, no bajé los brazos y debo decir que también encontré clientes maravillosos con los que trabajé ininterrumpidamente por varios meses. Todo el dinero ganado con tantas palabras escritas en tantas noches sin descanso y tantos fines de semana sin paseos, tenían un destino claro: necesitaba ir un paso más allá.

No sabía  bien qué camino debía seguir, pero sí estaba segura de que, por mucho que me encantara escribir, no podría llevar ese ritmo demasiado tiempo, ni tampoco lograría vivir de ello con las tarifas que manejaba. Intuía que debía haber otra vía, aunque en ese momento no la veía.

Cuando encuentras en internet a alguien que no te miente

Y un día, escroleando desganada en mi muro de Facebook, encontré una publicidad que me llamó mucho la atención. Hablaba de aprender copywriting, una palabra que yo había escuchado desde mis tiempos en la facultad, asignada a aquellos creativos fumados de las agencias, que año tras año recogían premios publicitarios por sus ingeniosas (y breves) líneas de texto en avisos de prensa, radio o televisión.

Yo creía —como muchos— que el copywriting era eso, que se necesitaba mucha creatividad y buenos contactos para vivir de ello. Ahora tengo claras las semejanzas y diferencias entre un copywriter y un creativo, pero en ese entonces no lo sabía.

En fin, volviendo al aviso de Facebook… el texto me hablaba a mí, decía muchas cosas con las que me identificaba, y al final, me proponía un training gratuito.

Debo confesar que en ese momento pensé «otro gurú más que promete convertirme en cualquier cosa (en copywriter, en este caso) por arte de magia». Pero como el intento no iba a costarme un peso —todavía—, accedí y me inscribí.

Una ventana a otra galaxia

Lo que vi en el training gratuito me gustó. No solo el contenido, sino la frescura del profesor (que bien podía ser mi hijo), su espontaneidad y su evidente conocimiento del tema. «Este como que no es otro chanta», me dije. Y con esas palabras se me abrió una ventana desde la que contemplé un universo infinito que dejó al otro (el de Virtualianet) como un pequeño planeta del mismo.

Estaba entrando a la galaxia del copywriting de la mano de Javi Pastor (por algo su empresa se llama Copywriting de otra galaxia), uno de los referentes del rubro en España.

Ese encuentro cercano del cuarto tipo —el virtual—con este personaje de otra galaxia fue, exactamente, el 28 de septiembre del año pasado. Y allí comenzaba este nuevo capítulo de mi historia. Hoy, soy copywriter, vivo de lo que amo y ya no tengo que dejar de dormir para ganarme unos pesos.

Si estás acompañado, el camino es menos duro

El curso de Javi Pastor, Adopta un copywriter, me sirvió para darme cuenta de cuántas cosas me estaba perdiendo en esta evolución que dejó en la prehistoria al mundo 1.0, del cual venía yo.

Me di cuenta que yo sabía escribir y lo hacía bien, pero que eso ya no era suficiente.

Entendí también que el copywriting era mucho más de lo que yo creía que era; que ahora se presentaba en la forma de un redactor web y que no era necesario ser un genio creativo de barba hipster y anteojos con marcos de madera para convertirte en uno de ellos.

Me volví loca (y sigo igual) con tantas herramientas, adelantos tecnológicos y atajos que te facilitan cualquier oficio. No me daba la vida para conocerlos todos y aprender a manejarlos.

Debo confesar que, durante los meses del curso, pensé varias veces en abortar la misión, porque me costaba seguirle el ritmo, me perdía entre tanta terminología desconocida hasta entonces para mí, y estaba agotada entre el estudio y mi trabajo de 40 horas a la semana haciendo algo que no me gustaba y que nada tenía que ver con mi pasión.

Gracias al apoyo de mi gente más cercana, persistí y culminé; no tengo palabras para agradecerles, y que yo no tenga palabras para algo, dice mucho del tamaño de mi agradecimiento para con ellos.

Pero lo logré, sobre todo, gracias al acompañamiento continuo de la gente maravillosa que conocí dentro del curso: alumnos, ex alumnos, tutores, el propio Javi, quienes, dentro de una sala con las paredes forradas de espuma (porque estamos todos locos) llamada Slack, estuvieron y siguen estando allí para aportar, apuntalar y aplaudir.

Todos ellos hoy son mis colegas, algunos mis amigos y socios, y otros hasta mis clientes. Para mí, esa comunidad vale cada centavo invertido en el curso, es lo que hace a Javi diferente y mucho más valioso, y lo que permite hoy, a un año de su primer correo dándome la bienvenida, poder agradecerle por haberme demostrado que sí hay gente que no miente en internet y que, gracias a ello, hoy puedo vivir de lo que amo hacer.

Gracias Javi, gracias «adoptados», gracias tutores (en especial, la mía, Ana Sainz), cliente de pruebacliente de práctica… Gracias algoritmo de Facebook por haber puesto ante mi vista aquel aviso y gracias a mi intuición por haber confiado esa vez.

Por muchos años más, haciendo lo que más me gusta… ¡SALUD!

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