Escribir bien: una especie en extinción

Escribir mucho ¿es sinónimo de escribir bien? ¿Por qué está de moda la escritura, pero lo hacemos cada vez peor? En este post, las razones de este fenómeno y qué podemos hacer para revertirlo.

Antes, escribir suponía una predisposición especial, una preparación previa, una reserva de tiempo para sentarse frente a una hoja de papel y comenzar una tarea que solía ocuparnos por largas horas.

Hoy, con las computadoras, la tablet y el móvil casi como apéndices de nuestro cuerpo, escribimos desde que despunta el sol hasta que cae la noche e, incluso, más allá. Escribimos mucho, es verdad. Pero ¿lo hacemos correctamente?

Pareciera que esa inmediatez, ese acto poco planeado y poco pensado que significa escribir en estos tiempos modernos, nos ha hecho olvidar las formas. Cada vez escribimos peor, y lo más grave es que eso no parece importar mucho.

No escribir bien: he aquí a los culpables

En primer lugar, hemos perdido la letra manuscrita, aquella con caligrafía y trazos personales que nos hacían únicos. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que escribiste más de dos párrafos «a mano»? Yo no.

La tecnología  relegó al desván a nuestra escritura a mano. Ahora somos capaces de acribillar a quien utilice la tipografía Comic Sans, pero no podemos criticar a los que tienen mala letra, porque no la conocemos.

Más allá de la buena o mala caligrafía, lo grave de este asunto no es la forma, sino el fondo. Escribimos mal, con muy mala ortografía, pésima sintaxis y escasísimo vocabulario.

¿La principal culpable de no escribir bien?

La falta de lectura.

Cada vez leemos menos. Las largas horas que antes invertíamos en leer diarios, libros y revistas, se consumen ahora frente a la PSP, el Candy Crush o Netflix. Tenemos a mano muchos elementos visuales que nos distraen y a las nuevas generaciones les aburre leer.

Debo ser justa aquí y dar una ovación de pie a a J.K Rawlings; buena parte de la generación Y2K no es analfabeta gracias a Harry Potter. Pero el boom de la saga del mago ya pasó, y aunque se sembró una pequeña semilla de amor por la lectura, todavía hay mucha fruta esperando a ser cosechada.

Los teléfonos móviles también tienen una gran cuota de culpa en esto de escribir mal (y de que no nos importe).

Por si no lo recuerdas, hasta hace muy poco, los celulares no eran ni tan cómodos ni tan inteligentes como son ahora. Los botones sonaban “clac, clac” al presionarlos y para escribir un texto había que pulsar una, dos y hasta tres veces una misma tecla para encontrar la letra requerida.

Esto trajo como consecuencia los indeseables atajos: volver a la “h” ciega además de muda, consonantes sin su respectiva vocal (como el caso de la «t» y la «d»); la «q» o la «k» para ahorrar escribir «que» o «casa»; el «TAM» o el «TQM» para demostrar amor y para de contar. Cada vez que leo un «ola, k ase?» envejezco un año.

Ni qué hablar de los emoticonos (palabra aceptada por la RAE, aunque yo prefiero seguir llamándolos emojis). Esos dibujitos que nos invaden, que hasta tienen un comité internacional, cual real-academia-de-emoticonos que deciden cuáles se incorporan a la lista y que, para bien o para mal, nos ahorran muchas palabras.

¡Volvemos a la era de las cavernas, señores! Ahora nos expresamos con pictogramas.  

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Esta nota del diario Clarín de Argentina, si bien data del 2015, explica que buena parte de la culpa de que escribamos mal la tiene la misma escuela, al dejar de insistir en la escritura cursiva y al desestimar reglas gramaticales y de ortografía, promovido en cierto grado por el modelo norteamericano de pedagogía integral y también por esa especie de “rebeldía contra las normas” que trajo la democracia en su mochila, cuando regresó en los 80.

Ohhhmmmm….

Es posible que, a estas alturas, se te pase por la mente aquello de que el lenguaje es una cosa viva que va cambiando, que muta, que se adapta a los tiempos y bla, bla, bla. Y tienes razón. Pero la pregunta es: ¿es necesario perder todas las formas? ¿Mancillar nuestro idioma puede llamarse evolución? Te invito a leer un poco más de lo que pienso sobre este tema aquí.

Y perdona que me saque un poco, pero pensar que el idioma evoluciona de esta forma es como decir que está bien que el ser humano ahora no se mueva, porque todo está motorizado y eso afecta nuestra salud. Es una evolución que nos hace involucionar.

Pero me gustaría escuchar tu opinión sobre esto, más abajo, en los comentarios.

¿Es tan grave no escribir bien?

Depende. Si la razón de la mala ortografía, de que no se sepa redactar ni una simple carta, es porque no se ha tenido la oportunidad de estudiar, de aprender, de practicar, pues más que grave, es una pena, una falla del estado al no haber podido garantizar educación mínima para todos, un problema social crítico y profundo.

Y aunque hay casos así, y muchos más de los que quisiéramos, tú y yo conocemos a muchos que escriben mal simplemente porque les da lo mismo. Es allí cuando la mala escritura, la mala ortografía y la deformación del lenguaje, se convierten en algo lamentable, vergonzoso, imperdonable.

Escribimos mal porque nos da la gana, porque somos perezosos y porque el problema se ha propagado como un virus, lo que nos hace concluir: «si a nadie parece importarle, ¿por qué tendría que importarme a mí?» Nos contagiamos y comenzamos a escribir con abreviaturas inexistentes y atajos inentendibles.

Llegaron los smartphones y las pantallas táctiles, los teclados QWERTY con todas las letras en su santo lugar, los textos predictivos; hasta podemos dictar párrafos con nuestra propia voz. Pero seguimos escribiendo «T dije q TKM» y, lo peor, es que el otro lo entiende y responde «Yo tbn smile».

El último que apague la luz.

Pero no todo está perdido

Al menos no todavía, ya que no podemos garantizar que cuando los millennials o los «Z» sean los dueños del mundo, el español termine herido de muerte.

Pero mientras hay vida, hay esperanzas. Así que depende de nosotros que el español muera o sobreviva lo más indemne posible.

Afortunadamente, sigue existiendo un universo paralelo en el cual es importante escribir bien, cumplir con las mínimas formas y respetar, aunque sea un poco, las normas lingüísticas: en la comunicación formal se sigue guardando cierta compostura y golpea fuerte en los ojos cuando se asoma una palabra mal escrita, abreviada o inventada.

Y cuando hablo de comunicación formal no me refiero a cartas oficiales ni discursos, sino a todos los textos que te identifiquen y te representen como marca. En todas las comunicaciones online y offline de empresas, microempresas y marcas personales, es IMPRESCINDIBLE el cuidado de la palabra, no solo en su significado, sino también en su forma.

Si escribes con errores ¿cómo puedes garantizarle a tu cliente que tu producto o servicio no está también plagado de ellos?

Y si crees en todo esto que digo pero no te sientes seguro de tu escritura, entonces recurre a un profesional que revise lo que has redactado, que lo pula y lo deje impecable, para el beneplácito de tus lectores.

¿Cómo mejorar la escritura?

Para garantizar una buena escritura son muchas las cosas que puedes hacer. A continuación te doy unos pocos pero importantes consejos para que tus textos queden impecables:

  • Respeto por el  idioma. El español es una de las lenguas más ricas y hermosas del planeta. Si sabes cómo se escribe una palabra, no la arruines cambiándola por antojo de la moda. Y si no sabes cómo se escribe, consulta el diccionario y hazle caso al Word: cuando subraya en rojo una palabra, no es para hacer más coloridos tus textos.
  • Escribe sin pereza. Si no tienes ganas de escribir, espera y hazlo cuando te sientas inspirado. No abrevies palabras innecesariamente ni ignores los signos de puntuación, busca en tu mente la palabra adecuada, consulta sinónimos y revisa todo antes de concluir. Tómate el tiempo que sea necesario para que tus textos brillen.
  • Leer, leer y leer. La lectura amplía tu vocabulario, te da ideas de redacción y va acostumbrando a tu ojo a ver las palabras bien escritas. Lee sobre algo que te guste y hazlo con frecuencia; aunque sea 15 minutos al día, mientras viajas a tu oficina o a tu casa, o justo antes de dormir. Leer también es una excelente forma de relajarse.
  • Adapta el texto a tu voz y tu audiencia. El lenguaje es el vestido de tu mensaje. Así como no te presentarías a una entrevista de trabajo en chanclas y pantalones cortos (por favor, dime que no lo harías… no lo harías, ¿verdad? cry), no puedes hablar con modismos y abreviaturas en una comunicación formal. Repito: formal no quiere decir serio o acartonado. Tú tienes tu propia voz y puedes hablar de manera relajada, pero que sea también cuidada y sin errores. Esto aplica incluso si tu público es adolescente o juvenil: permítete ciertas licencias, pero que sean solo eso: recursos puntuales para conectar con tu audiencia. No naturalices la mala escritura como una forma de acercarte a tu público objetivo. Al contrario, ¡edúcalos!

Hagamos que escribir bien se ponga de moda. Cuidar nuestro hermoso y rico lenguaje debe convertirse en una cruzada. Lograr que la gente escriba mejor, es nuestro deber.

Y tú: ¿qué haces para ser parte de esta cruzada? Cuéntamelo más abajo.

milenawetto.com

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