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La «libertad» de las redes sociales

Las redes sociales ¿son tan libres y democráticas como creemos?

Si pudiera ponerle más comillas a la palabra libertad en este caso, se las pondría.

Los que me conocen o vienen leyéndome desde hace un tiempo, saben de mi relación amor-odio con las redes sociales.

Ayer me enteré de algo que fue una gota que derramó, por enésima vez, el vaso de mi paciencia y resignación acerca de las redes y sus reglas. El detalle que conocí ayer es irrelevante y casi anecdótico, pero te lo contaré al final de este artículo.

Veamos primero los hechos positivos:

  • Las redes sociales llegaron para quedarse
  • Es una gran vitrina para las marcas y negocios, y un entretenimiento gratis para los consumidores
  • Han ayudado a muchos emprendedores a darse a conocer con muy poca inversión o sin ella. Más aún en esta época de pandemia.

Todo eso está muy bien. Pero me parece prudente recordar cómo y por qué surgieron las redes sociales en los últimos 10 o 15 años.

¿Qué tan sociales son las redes sociales?

Facebook, YouTube, Twitter… prácticamente todas las redes sociales surgieron como respuesta a la necesidad de un grupo para comunicarse.

Hasta allí, todo bien.

Lo que pasó después fue que nadie supuso el enorme crecimiento, la aceptación y el verdadero alcance que podían llegar a tener estos «inventos» que se transformaron en las empresas más grandes y mejor cotizadas del mundo.

Y este crecimiento lo cambió todo.

Las redes sociales pasaron a ser monopolios económicos, megaempresas que cotizan en bolsa con grandes intereses financieros. Y, como todos sabemos, donde hay dinero en juego, también están la política, los intereses personales y la «interpretación» (por no decir tergiversación) de la realidad para acomodarla a esos intereses.

A partir de allí, las redes dejaron de ser sociales para convertirse en un poderoso instrumento de dominación de masas, como en otras épocas lo fue la televisión, la prensa o la iglesia

Cada día llegan cientos de miles de personas nuevas a las redes sociales, y en ese mismo instante comienza un proceso de alienación digno de la versión siglo XXI de aquel 1984 de George Orwell.

Y lo peor es que ni nos damos cuenta.

Consumimos redes como autómatas, nos perdemos durante horas allí adentro, mientras le hacemos el juego a sus propietarios. 

Los algoritmos son cada vez más sofisticados; su principal misión es lograr que nos quedemos más tiempo allí. Como consumidores, nos siguen mostrando aquello que nos gustó una y otra vez. Y como marcas, nos obligan a generar cada vez más contenidos y a tener que pagar por anuncios si queremos mantener el alcance de nuestras publicaciones.

¿En dónde quedó aquello de que las redes sociales servían para mostrar las nefastas realidades de un mundo desigual o dictaduras perversas? 

¿Cuándo dejamos de compartir mensajes de ayuda para mostrarnos como seres perfectos, felices y realizados, haciendo sentir más desgraciados a quienes nos miran sin saber qué hacer para alcanzar esa vida irreal y ficticia? 

¿En qué momento se modificaron nuestros valores y ahora solo queremos vender a través de las redes? Y, lo más importante, ¿quién es el responsable de que pasara todo esto?

Son preguntas con respuestas incómodas.

Redes sociales: ¿ángeles o demonios?

El fenómeno de las redes sociales ha supuesto un cambio sin parangón en muchos ámbitos de nuestras vidas, eso es indiscutible a estas alturas.

También es evidente que son el nuevo cuarto poder y que su principal objetivo es modelar a la opinión pública. 

Podemos aceptar que nos han ayudado a construir nuestro negocio, que nos han permitido llegar a personas que de otra forma nunca hubieran podido conocernos y que nos han servido de compañía en momentos de aburrimiento o soledad.

Pero lo que quiero que te lleves después de leerme es que no pierdas de vista que el verdadero y único influencer en todo esto es la propia red social, no la gente que sigues e intentas emular. Y que ese influencer está haciendo todo para que pienses, actúes y aspires exactamente lo que él quiere que pienses, hagas y aspires.

Deseo que entiendas que si todavía ves a las redes sociales como medios democráticos de expresión, eso ya no es cierto y que cuando veas que te bajan los seguidores o el alcance de tus publicaciones sin un motivo aparente, hay una intención clara detrás de todo eso.

No eres libre por poder expresarte en una red social diciendo lo que se te antoje. Y eso fue lo que descubrí ayer que me hizo volar los tapones.

¿Por qué digo que las redes sociales no son democráticas?

Sigo a una influencer mexicana con 228 mil suscriptores en YouTube y casi 70 mil seguidores en Instagram.

Ayer veía sus historias y comentaba que no iba a publicar ese día en Instagram, sino que lo haría en «la otra red social, la de los videos cortitos, la que empieza con T y termina con K».

Lo repitió varias veces a lo largo de sus historias y me resultó muy extraño. Así que le pregunté por qué no nombraba abiertamente a Tik Tok. 

Me respondió que si lo hacía, Instagram la escondía de sus seguidores.

Primero me sorprendió el nivel de sofisticación del algoritmo. ¡Es capaz de detectar en los audios de las historias si nombras a otra red social!

Pero luego me indigné al ver que te censura si lo haces.

O sea, 

  • Te obliga a tener un comportamiento antinatural haciendo ridículos bailecitos y señalando a la nada en un reel para «tener más alcance»
  • Te suspende la cuenta si muestras un pezón, aunque estés alertando sobre el cáncer de mamas
  • Te muestra más mientras más interactúas o más anuncios pagas dentro de la plataforma, el equivalente en la vida real a la injusta sociedad de castas económicas…
  • Y, ADEMÁS, te baja línea sobre lo que debes o no debes decir.

#WTF 🤬

¿Dónde están la democracia y la libertad en todo esto?

Yo no las veo. Si tú las ves, cuéntamelo, por favor. Te leo en los comentarios.

Gracias por llegar hasta el final. Espero que la world wide web no me censure por todo lo dicho dentro de mi propio blog.

¿Será realmente mío?

Acceso gratis no es libertad.

2 comentarios en «La «libertad» de las redes sociales»

  1. Querida Milena, me encantas cuando «se te vuelan las chapas». Para que sumes a tus historias sobre las redes sociales te cuento que, desde el 24/08 (y estamos en 23/09), mi cuenta de FB fue inhabilitada.

    Estoy impedida no solo de publicar anuncios sino también de compartir mis post en grupos. Me he visto en la obligación de «gambetearla», como decimos en Argentina, es decir, aplicar mis mayores cuotas de creatividad para lograr difundir.

    ¿Mi delito, según creo? (porque no me responden) es haber publicado en mi perfil personal las declaraciones del ex-vicepresidente de Pfizer y las del abogado alemán que inició un juicio contra…bueno, ya sabes. Y mejor no enturbiar tu blog.

    Gracias por esta publicación.

    Responder
    • Una prueba más de que esto no es cuento y que la inquisición llegó a la era digital. Simplemente pasamos de una dictadura a otra. La única libertad que nos queda es la del pensamiento. Muy triste. Pero muchas gracias por compartir tu situación y aclarar más este turbio panorama. Abrazos.

      Responder

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