Redes sociales: ¿libertad o yugo?

Una mirada personal

 

Este será, sin temor a equivocarme, uno de los artículos más honestos y crudos que escribiré jamás. A riesgo de que me critiquen y aunque parezca que muerdo la mano que me da de comer, aquí te contaré todo lo que pienso sobre las redes sociales en la actualidad, impulsada por dos momentos vividos recientemente.

Es mi opinión muy personal. Podrás estar de acuerdo conmigo o no, pero me encantará saber qué piensas al finalizar la lectura. ¡Aquí voy!

Si él se atrevió, ¿por qué yo no?

Ya no es la primera vez que me pasa: pienso sobre algo y luego leo a algún referente de los que sigo coincidiendo conmigo sobre el tema. Al comprobar que no estoy tan loca ni tan equivocada, es cuando me atrevo a soltarlo yo. Es bueno sentirse acompañada. embarassed

La coincidencia esta vez, fue con un artículo del blog de Samu Parra en el que diserta sobre cuánto daño le está haciendo la publicidad a las redes sociales. Al explicarlo, Samu no puede ser más claro: el problema comenzó cuando conseguir un retorno inmediato pasó a ser más importante que ofrecer valor, la razón primera del surgimiento de estas plataformas.

¡Cuánta verdad! Ya prácticamente no existe una red social en donde no nos bombardeen con cientos de anuncios de venta de cuanta cosa se nos pueda ocurrir, no solo desde los anuncios pagados y bien identificados, sino en post «disfrazados» de contenido, pero que con mayor o menor astucia, lo que buscan es que pongas la tarjeta de crédito.

Señores: si yo quiero comprar algo no voy a ir a Instagram ni a Facebook a buscarlo. Voy a Mercado Libre, a Amazon, a Ebay o a la tienda online de la marca específica que esté buscando.

No creo ser la única que entra a las redes sociales buscando distracción, cotilleo o contenido de valor sin pedirme nada a cambio. ¿O sí? A juzgar por la avalancha de anuncios, pareciera que la mayoría de la gente compra compulsivamente y sin pensarlo dos veces, a cualquier hora del día y sin importar cuál haya sido su intención al entrar a una de estas plataformas.

Antes cada red servía para cierto tipo de intereses, tenía una estética y un funcionamiento particular. Pero la verdad es que ya todas se parecen mucho entre sí, en primer lugar porque las más importantes están todas en las manos de una misma persona, pero también porque si algo funciona bien en una, enseguida llegan las demás y lo replican.

Ahora hay historias en Instagram, en Facebook y hasta en Whatsapp. Para no escribir en el blog, compartimos una foto en Instagram con un texto interminable, y para que la gente no se vaya a YouTube, ahora tenemos Instagram TV.

Más allá de la publicidad, el contenido

La realidad es que por el exceso de anuncios publicitarios, las redes sociales se parecen cada vez más a los medios de comunicación tradicionales de los que alguna vez todos huimos para sentirnos dueños y decisores de lo que consumíamos.

Por eso, la única red a la que yo le pongo plata, por honesta y resistente a sus principios, es Wikipedia. Tal vez no sea una red propiamente social, pero vaya si aporta valor y es una de las más visitadas del ciberespacio. Jimmy Wales, su creador, dijo que nunca pondría publicidad en su proyecto y ha mantenido su palabra a lo largo de casi 18 años.

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Solo la versión en español de Wikipedia es visitada 35,7 millones de veces en un día, lo que equivale a unas 413 visitas por segundo.

¿Te imaginas cuánto podría cobrar por un anuncio publicitario y cuántas marcas se pelearían por estar presentes a cualquier precio en los 500 artículos más visitados?

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Pero Wikipedia sigue pidiendo donaciones de sus usuarios para mantenerse a flote, mientras que otras redes más recientes, que nacieron con la misma impronta que la de Wales, han sucumbido a la tentación de llenar los bolsillos propios y ajenos, aun a costa de traicionar su propósito inicial.

Pero, no nos quedemos solo en el tema de «publicidad sí, o publicidad no» o de cuánta publicidad puede considerarse aceptable. Hablemos también sobre lo que pasa con el contenido.

No olvidemos que las redes sociales nacieron con la intención de ser medios abiertos, libres y verdaderamente democráticos, donde cualquier persona pudiera comunicar sus ideas, donde medio y mensaje fuera una misma cosa.

¡Qué lindo! Y qué utópico…

Rápidamente vimos que esto no era posible y hubo que ponerle freno a fundamentalistas, ultraderechistas, misóginos, racistas y otras especies indeseables porque ¡oh sorpresa!: nos dimos cuenta de que hasta la libertad tiene sus reglas.

Pues bien, parecía que «limpiando» la mala hierba de las redes, todos estaríamos en un lugar seguro, lleno de paz, amor y tolerancia.

Pero no.

Porque entonces vinieron los haters y los trolls a ensuciarnos de nuevo el camino con sus mensajes de odio, su irrespeto por el que piensa distinto y su afán por demostrar una superioridad absurda, sea cual sea el tema en cuestión. Lamentable.

Las redes y sus usuarios tuvieron que regularse y autorregularse, y los mensajes comenzaron a parecerse cada vez más entre sí: motivación, autoayuda, éxito, una vitrina para mostrar que todo en mi vida es perfecto (aunque sea una farsa), la basura debajo de la alfombra. Otra vez, una sola cara de la moneda, una pantomima de la realidad, UNA MENTIRA.

Éramos pocos…

Sobre el SEO ya debes saber lo que pienso, pues he escrito varios artículos sobre el tema en este blog.

He tratado de darle la importancia justa y ponerlo al alcance de todos sin sobredimensionarla, como intentan hacer la mayoría de los marketers.

Sigo luchando porque prevalezca la calidad del contenido por sobre la cantidad de palabras y las famosas keywords.

Y sobre los algoritmos tengo poco que decir pues, honestamente, conozco poco del tema. Solo sé que cambian tan rápidamente, que creo que ni los mismos programadores saben ya cómo funcionan. Los imagino como robots tan complejos que un día, como en una película de ciencia ficción, serán capaces de controlar a sus propios creadores.

La optimización de los buscadores y el remarketing se ha vuelto tan sofisticado, que hay quienes aseguran que ya no solo son capaces de «leer» nuestro comportamiento como cibernautas, sino que además nos escuchan. No falta demasiado para que también lean nuestros pensamientos y nos ofrezcan productos y servicios incluso antes de haber verbalizado nuestra intención de adquirirlos.

Lo que pienso sobre las redes sociales y consejos de una Instagramer

En mi opinión, esto de los algoritmos, el SEO y la uniformidad de los mensajes han convertido a las redes sociales en un lugar mmmmuuuuyyyy aburrido en donde tengo capacidad CERO para decidir qué quiero ver y qué no.

Primero fue Facebook, que decidió mostrarme noticias solamente de los 20 o 25 amigos con los que más interactuaba. Los demás, hasta me olvidé de que existían. Hace más de un año que decidí invertir en estudio las horas que pasaba «escroleando» mi muro sin encontrar nada interesante y esa decisión hizo, en buena medida, que hoy tenga este blog y que me gane la vida haciendo lo que amo.

Hoy, si entro a esa red social una vez por semana es mucho.

Después fue Instagram: ya bastante pereza me daba tener que ver 5, 7, 10 historias unidas como un chorizo para enterarme de algo que francamente, pocas veces me interesaba; ahora me muestran capítulos novelados de la vida ajena en Instagram TV. Yo, la verdad, no tengo tiempo para eso.

Pero lo que en realidad me hizo tomar la decisión de escribir este post (además del artículo de Samu Parra) fue algo que me dijo una instagramer cotizada, hace poco, en un evento al que fui a hacer networking.

Ella dijo que mis imágenes en Instagram debían tener menos texto, porque así como las estaba posteando «no corrían» dentro de la red y poca gente las veía. Me reiteró que para la calidad del contenido que yo aportaba, debía tener muchos más seguidores de los que tengo, y que seguramente era porque Instagram no mostraba mi perfil a tanta gente, por este asunto de las imágenes con mucho texto.

#WTF

O sea, no solo tengo que investigar keywords y usarlas razonablemente, investigar hashtags y usarlos a mansalva, adornar con emoticonos, no olvidarme de cambiar el link en el perfil para que mis seguidores lleguen a donde quiero llevarlos, buscar una foto que se identifique con mi marca y diseñar la imagen, sino que ADEMÁS, esa imagen tiene que estar limpia de texto para que el Sr. Algoritmo se apiade de mí y permita que me asome, tímidamente, en el mar de post que luchan por lograr el objetivo de ser vistos, como si se tratara de una carrera de espermatozoides en busca de un óvulo al que fecundar.

¿No es como mucho ya?

Nuestro comportamiento en las redes sociales

No sé. Llámenme amarga, antigua o como quieran, pero siento que las redes sociales ya no cumplen con lo que se propusieron cuando fueron concebidas y, por lo tanto, perdieron sentido.

Yo quiero escribir como me salga, sin importar si le pongo emoticonos o hashtags; quiero poner la imagen que me provoque, aunque tenga más letras que la tapa del Wall Street Journal;  y quiero mirar más publicaciones de todos mis amigos y menos anuncios publicitarios que no pedí ver.

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Si seguimos así, la prensa, la radio y la televisión terminarán siendo más democráticas y libres que las propias redes que nacieron como medios antisistema.

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Pero bien… me guste o no, esto es lo que hay. Y al parecer funciona para miles de millones de personas en el mundo.

¿Qué hacer ante esta realidad? Pues yo hago y seguiré haciendo lo siguiente:

  • Tomo con pinzas todo lo que veo en las redes (no todo lo que brilla es oro).
  • Dejo de seguir a todo aquel que no me dé lo que me ofrece en su carta de presentación (perfil): si te vendes como copywriter, ¿qué me importa lo que estás haciendo en tus vacaciones de verano?, si te sigo porque eres un marketer de los buenos ¿qué valor me aporta tu historia mientras te comes un helado o paseas a tu perro?
  • Sigo usando las redes sociales como me da la gana: comparto contenido de valor y escribo como pienso y siento, me leas solo tú, o me lean millones. No busco ser una influencer.
  • Apoyo a las redes y plataformas fieles a sus principios y valores. No todo es cuestión de dinero. No solo de vender vive el hombre.
  • Parafraseando a Parra: como marca, respeto a mis seguidores, pienso en su experiencia de usuario y trato de ser lo menos invasiva posible. Digamos que intento no hacer lo que no me gusta que me hagan a mí, un principio que me enseñó mi madre.

¿Estás de acuerdo con mi postura o piensas que me volví completamente loca? Me encantará leer tu opinión en los comentarios.

milenawetto.com

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