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Lo que nadie te ha contado sobre las redes sociales

redes sociales

Si has leído algunos de mis artículos, sabrás mi opinión sobre las redes sociales y el uso que de ellas estamos haciendo en estos tiempos. No las menosprecio, para nada; pero no apoyo ni creo en fórmulas mágicas que garantizan el éxito ni avalo el modus operandi que promueven los grandes gurúes, haciéndonos creer que tener presencia en Facebook o Instagram es la llave que abre las puertas del cielo.

Lo que quiero contarte hoy no es nada nuevo; al contrario, reafirma lo que vengo diciendo desde hace un tiempo acerca de mi percepción y opinión sobre el marketing digital, sus usos y abusos y el alcance de sus resultados. Hoy, simplemente, traigo nuevos ejemplos y casos.

Mi opinión sobre las redes sociales

No te hablaré de mi relación amor/odio con las redes sociales porque esa historia te la conté muy bien en este post que puedes ir a leer cuando quieras. Pero sí remarcaré que, en mi caso, las redes sociales, lejos de conectarme, me han aislado y me han mostrado un mundo irreal, un mundo que solo existe allí dentro y que se parece muy poco a este en el que vivimos, donde hay éxitos, pero también fracasos, donde no todos los días son de fiesta y donde tres posteos diarios no te traen el pan a la mesa.

Esto también lo he hablado hasta el cansancio: no puede convertirse en yugo aquello que nació como una forma de hacernos más libres dentro del mundo cibernético. Por eso está bueno repasar los consejos que di en otro artículo sobre este tema:

  • No creas en todo lo que ves.
  • Deja de seguir a gente que no te sume o no te dé el contenido que promete en su perfil.
  • Sé honesto y consecuente en tus redes propias. Respeta a tus seguidores. No hagas a otros lo que no te gusta que te hagan.
  • No pierdas de vista que las redes sociales son eso: SOCIALES. Intenta encontrar un equilibrio entre lo social y lo comercial. Dicho de otra forma: no solo vendas, entrega también VALOR.

Nuevas decepciones en las redes sociales

Decidí escribir este artículo, a riesgo de repetirme, porque esta semana pasaron dos hechos que reafirman todo lo que he escrito sobre las redes sociales en los últimos tiempos.

Te cuento el primero.

Por aquello de no poner todos los huevos en una sola canasta, sobre todo en tiempos de crisis e inestabilidad como estos que atravesamos ahora en Argentina, decidí intentar un nuevo emprendimiento que nada tiene que ver con el copywriting ni la escritura. Algo mucho más comercial.

Fiel a mis principios, mi proporción valor/venta viene siendo más o menos 80/20. Entrego 80% de contenido de valor (sin interés comercial) y solo 20% de contenido de venta. Pero me he dado cuenta de que en el sector que elegí se trabaja la ecuación opuesta.

Las influencers del gremio son en su mayoría unas esponjas de ego a las que les encanta que comentes algo bonito en sus posteos, pero no te responden cuando el comentario tiene aunque sea un pequeño viso de disidencia a sus opiniones. Todas manifiestan tener buenas y desinteresadas intenciones pero miran para otro lado si les propones hacer algo en conjunto para potenciar esas intenciones y poder ayudar más. Quieren el monopolio del protagonismo.

Todo eso sin hablar, una vez más, de la necesidad imperiosa de estar presentes y activas en sus canales, logrando una avalancha de contenidos insulsos, repetitivos o desligados por completo de su área de interés.

Cada quien cuida su pequeña parcela, se mata por llegar a los diez mil seguidores, proclaman el bien común, pero «lo mío no lo toques»… Apenas comienzo, y ya estoy desilusionada.

El segundo caso no me sucedió a mí sino a un colega muy cercano que se asoció con una «gurú» de una muy conocida red social. Hicieron algunas cosas juntos, la socia parecía saber mucho y tener una altísima reputación dentro del mundo empresarial, pero… resultó ser una estafadora que vendía humo y mi amigo quedó enganchado.

Todo esto me lleva a una sola conclusión, que es la misma a la que he llegado en cada ocasión que pienso, escribo o hablo sobre este tema. Algo que mi mamá hubiera resumido en uno de sus tantísimos refranes: caras vemos, corazones no sabemos. O uno aún más popular:

No todo lo que brilla es oro. Mucho menos en las redes sociales.

¿Qué hacer ante un mal necesario?

Navegar por las redes sociales hoy en día, se parece mucho a caminar con la cartera abierta por un callejón mal iluminado a las 3 de la madrugada.

En el mundo actual no se puede ser ingenuo ni confiado; y esto aplica para todo, también para nuestra relación con estas redes sociales que vinieron para quedarse, de las cuales no podemos prescindir, pero que nos exigen actuar con inteligencia.

Ante la avalancha de publicidad no solicitada, las fake news y los influencers con piel de cordero y alma de lobo, el único antídoto posible es el SENTIDO COMÚN.

Duda de todo, duda de todos. No creas a ciegas en todo lo que ves.

No hagas nada porque otro te diga que eso te hará exitoso. ¿Realmente es exitoso quien te lo está diciendo?

Escucha a tu instinto, piensa con la cabeza.

Define tus principios y sé fiel a ellos sin que nada más importe.

Si piensas que las redes sociales pueden ayudarte a alcanzar tus objetivos, haz uso de ellas con respeto hacia tus seguidores y hacia ti mismo. Y si crees que no te sumarán, no estés por estar, porque todos están, porque «hay que estar». Tal vez no estando, o no estando de la misma forma en que están todos, logres marcar la diferencia, que es, al final del día, lo que todos buscamos. ¿O no?

Me gustaría conocer tu opinión sobre las redes sociales. ¿Qué piensas de las personas o cuentas que sigues? ¿Tienes tus redes propias? ¿Cómo las trabajas? ¿Te dan lo que buscas? Te leo y gracias por haberme leído.

6 comentarios en «Lo que nadie te ha contado sobre las redes sociales»

  1. Como se dice en mi tierra, Milena: ole, ole y ole.

    En este artículo encuentro unas cuantas verdades bien dichas, alimentando por fin una realidad que cuesta ver sin ese ingrediente mágico que conforma el SENTIDO COMÚN.

    Uso las redes con un criterio similar al tuyo. No me esclaviza, no me obsesiono. Observo a quien sigo, valoro lo que me entrega y cuido lo que publico, independientemente de la frecuencia con que lo haga.

    Con artículos como este actúas para que más gente no pierda el norte con la apariencia y con el irreal mundo ideal que se vende en estas plataformas.

    (Plataformas que, al mismo tiempo, nos comunican con empresas afines y con personas lejanas y también queridas… Interesante balanza de fuerzas, ¿no te parece?)

    Por eso, si te apetece escribir sobre ello, pues tú sigue.

    Acabo, felicitándote por tu claridad de siempre escribiendo, y alegrándome de compartir contigo este punto de vista. 🙂

    ¡Un besazo compi!

    Responder
    • ¡Polaina! Respeto y admiro tanto tu trabajo que no puedo hacer otra cosa que alegrarme al saber que compartimos el mismo modo de ver estas realidades distorsionadas. Como bien dices, escribirlas y reescribirlas funcionan como una especie catarsis, pero también como advertencia para los que se dejen seducir por espejitos de colores. Seguiré… ¡seguiremos!

      Responder
  2. Ay, Milena… ¿por qué siento que nos toca pisar las mismas huellas en tiempos similares?

    Es que esta semana me sucedió algo similar a lo que cuentas. ¡Qué intriga! Quiero conocer a los personajes de reparto de esas historias.

    La mía tuvo que ver con alguien del que, como bien decía tu mamá, no le conocía el corazón.

    Historias de éxitos financieros, maestro de esas artes, espititual, minimalista, 100.000 visitas a su blog al mes, me invita a un guest post. Y me manda un instructivo bien detallado, con los pasos a seguir.

    Acepto la invitación, leo bien las reglas y mando paso 1 y borradores del paso 2.

    ¡No entendí nada! No me ceñí a las reglas. Solo debía enviar el paso 1 y esperar aprobación. «Muchas gracias, lo dejamos aquí».

    En segundos, el personaje -yo creí que era persona-, se pulverizó, convirtiéndose en cenizas.

    Lo había idolatrado. Me había tocado el corazón. ¡Pero solo con palabras! Cuando tuvo que actuar, era una mole de hielo.

    Pero no me detuve a reflexionar sobre lo sucedido como lo hiciste. A lo mejor porque, de tanto golpe, no espero nada. Y solo acepto lo que se da naturalmente.

    Esto llegó sin buscarlo y se fue porque no sería bueno para mí.

    Me sirvió para entender que el maltrato (el ego siempre lo hace) no es aceptable ni aunque te paguen. Y menos aún si se trata de una promesa de algo incierto.

    Antes, elijo dedicar mi tiempo a ser útil a quién lo necesite que total el universo se ocupa de proveer lo que yo necesito.

    Pero gracias por esta caída a tierra que cada tanto nos das. Sirve para saber que no estamos solos cuando tomamos la decisión de no pretender ser vistos.

    Un abrazo

    Responder
    • Pues si tú estabas intrigada, a mí me dejaste peor con esta historia. Lo que puedo asegurarte es que no estamos hablando de la misma persona, pero comprueba que estos falsos profetas pululan en las redes y, como dicen en mi tierra, todos los días sale un [ingenuo] a la calle, el que lo encuentra, lo hace suyo. Tu historia y la mía nos hacen caer en cuenta de esto. Es nuestro deber exponerlo y, sobre todo, no caer en tentaciones y clichés que nos ubiquen «de aquel lado». Ser fiel a nuestros principios y tomar de las redes lo que ayuda, lo que es bueno —que también hay mucho de eso—, pero mirando muy bien la delgadísima línea que separa la realidad del fantoche. De tu experiencia, como bien dices, no era para ti, pero te dejó una gran enseñanza; lo único que hay que agradecerle a ese petulante 🙂
      Yo te agradezco, como siempre, tomarte el tiempo para leerme y comentar. Lo aprecio muchísimo. Abrazo.

      Responder

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